equilibrio economico

Entender los equilibrios

balanceConsejos de un economista para las cosas de la vida (I): 

Los economistas son gente pragmática. Capaces de convertir problemas de interacción social en una cuestión de números, de predecir una burbuja inmobiliaria antes que nadie o resucitar un país en recesión sin realmente hacer nada más que imprimir papel. Y también de hacer exactamente lo opuesto.

 

Pero el verdadero encanto de su conocimiento radica en saber combinar el rigor de la ciencia con la irracionalidad de la sociología. Puede que parezca un cóctel indisoluble, pero su metodología se asienta en una serie de conceptos que una vez interiorizados, pueden valerte para entender mejor el mundo que te rodea. Conceptos simples e intuitivos que a menudo la gente tiende a obviar.

 

Conceptos como que el equilibrio económico constante. Cualquier distorsión que se introduce en el sistema, lleva de manera natural a establecer un nuevo equilibro. Desgraciadamente estos equilibrios están formados por redes interconectadas y relaciones complejas, que a menudo son son difícil de predecir, cuando no imposibles.

 

Es habitual escuchar pronósticos basados en relaciones causa-efecto directas y sencillas. Normalmente, se requiere sólo un poco de pensamiento crítico para encontrar un camino alternativo que los refute.

 

Un ejemplo, la calle de Serrano es una arteria importante de la ciudad de Madrid. Durante una remodelación en 2015, se eliminaron dos carriles, para ensanchar las aceras y poner un carril bus. Recuerdo como si fuera ayer las amargas quejas de taxistas y conductores, vaticinando el caos de tráfico que supondría el cambio. Hoy en día la calle tiene un tráfico fluido, similar al que tenía antes de las obras. ¿Qué ha sucedido? La gente tiende a asumir que el número de coches que pasa por una calle es constante, pero no es cierto. Se trata de un equilibrio que depende de las alternativas existentes a esa calle, del precio de la gasolina, de la época del año, etc. Al acortar el número de carriles, se alteró el equilibrio de tráfico de la calle. La gente se adaptó, comenzó a usar otras calles, cogía más el transporte urbano o la moto. Algunos siguieron usándola, pero se levantaban algo más temprano. Hoy en día la calle sigue congestionada en hora punta y razonablemente transitable el resto del tiempo, pero no diferencialmente más que antes.

 

Otro ejemplo, pensemos por un momento en la luz ámbar de los semáforos. ¿Para qué sirve? Teóricamente es una medida de seguridad, para evitar que una persona se salta un semáforo y tenga un accidente. Antes de la implantación de la luz ámbar, puedo imaginarme que los conductores clavarían el pie en el pedal del freno antes la visión del color rojo en el disco. Suponer que una luz ámbar mejoraría la seguridad de todos los conductores, parecía una conclusión obvia. No obstante, la gente no es idiota, y al saber que ahora había una luz intermedia, no sólo no comenzaron a frenar con el ámbar, sino que aceleraban más para el atravesarlo a tiempo. Al incrementar el margen de seguridad, la gente como respuesta aumentó su margen de riesgo. El resultado, probablemente lo contrario de lo que se pretendía evitar. De hecho, en muchos países se es mucho más estricto con la duración del ámbar, para evitar el efecto “acelerón”.

 

Dos ejemplos de los muchos posibles para ilustrar la relevancia del equilibrio económico y cómo pueden volverse en nuestra costa si no tenemos en cuenta las relaciones entre nuestro entorno.

Carlos Bethencourt

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